“LA VERDAD SOBRE EL MIEDO: COVID-19, LA VACUNA Y EL GRAN REINICIO

Ecce nova facio omnia -Rev 21: 5

http://www.verdadypaciencia.com/2021/03/arzobispo-vigano-el-reinicio-es-el-advenimiento-de-satanas-es-una-guerra-de-religion.html

Por Carlo Maria Viganò, Arzobispo

(extractos de henrymakow.com)

el original es cinco veces más largo

La pseudo-pandemia nos da la imagen … de una … inquietante trama criminal urdida por mentes extraviadas …

Hay que  reconocer que la aparente ilógica de lo que estamos viendo suceder -el boicot a los tratamientos preventivos, las terapias erróneas, las vacunas ineficaces, los encierros inútiles, el uso de mascarillas absolutamente inútiles- cobra sentido en cuanto  comprendamos que el objetivo declarado-derrotar la supuesta pandemia- es una mentira, y que el verdadero objetivo la planificarción una crisis económica, social y religiosa utilizando como herramienta una pseudopandemia ingesiosamente provocada.

Sólo así podemos entender la simultaneidad y [universalidad] de las disposiciones adoptadas por varias Naciones, el relato alineado de los medios de comunicación y el comportamiento de los líderes políticos.

Hay un solo guión bajo una sola dirección, que implica la colaboración y la complicidad de políticos y dirigentes, médicos y científicos, obispos y sacerdotes, periodistas e intelectuales, actores y mercadotecnia influyente, multinacionales y banqueros, empleados públicos y especuladores. Los beneficios y las ganancias contribuyen a ello, porque compran y aseguran la lealtad de los subordinados, pero esta guerra, ¡que nunca olvidemos esto! – es una guerra ideológica y religiosa.

La masonería consiste precisamente en usurpar la primacía de Dios para dársela a Satanás, con el aparente pretexto -en todo caso erróneo e inmoral- de poner a Dios y a Satanás al mismo nivel para permitir una supuesta libertad de elección, que no existe moralmente.

Dos mundos opuestos

Esta crisis sirve para crear las condiciones necesarias para hacer inevitable el gran reinicio, es decir, la transición de un mundo basado en la civilización grecorromana y el cristianismo a un mundo sin alma, sin raíces, sin ideales.

En la práctica, es el paso del Reino de Cristo al Reino del Anticristo, de una sociedad virtuosa que castiga a los malvados a la sociedad impía y malvada que castiga a los buenos. 

Esa idea detestable de “igualdad” que en su día nos inculcaron los librepensadores se ha utilizado ahora para equiparar el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo bello y lo feo, bajo el pretexto de reconocer la libertad de expresión; hoy se utiliza para promover el mal, la injusticia y lo que está mal, e incluso para hacerlos obligatorios, con el fin de deslegitimar y prohibir la bondad, la justicia y la belleza….

… Por lo tanto, debemos comprender que si asistimos pasivamente a los cambios en curso y permitimos que la ideología globalista se imponga en todas sus formas más abyectas, pronto seremos considerados criminales, hostes publici (término romano de derecho público. Se aplicaba a los traidores al Estado. N.T) porque somos fieles a un Dios celoso que no tolera la mezcla con los ídolos y la prostitución.

El engaño de la libertad, la igualdad y la fraternidad propagado por la masonería consiste precisamente en usurpar la primacía de Dios para dársela a Satanás, con el aparente pretexto -que en todo caso es erróneo e inmoral- de colocar a Dios y a Satanás al mismo nivel, para permitir una supuesta libertad de elección que no existe moralmente. Pero el objetivo final, el verdadero e incuestionable, es fundamentalmente teológico, porque el autor de la rebelión es siempre el mismo, el eternamente Derrotado.

Nemo propheta in patria

Por supuesto, lo que hoy vemos suceder ante nuestros ojos podría haberse comprendido y predicho desde hace años, si sólo hubiéramos prestado atención a lo que los teóricos del Gran Reincio han declarado con toda impunidad.

De hecho, quienes han denunciado este plan, actualmente en marcha, han sido tachados de teóricos de la conspiración, ridiculizados o tachados de locos, condenados al ostracismo por los medios de comunicación y criminalizados, expulsados de cátedras universitarias y de la comunidad científica.

Hoy comprendemos hasta qué punto las alarmas eran clarividentes y hasta qué punto el mecanismo de organización puesto en marcha por nuestros adversarios es poderoso. En nombre de la libertad, nos hemos acostumbrado a vernos privados del derecho a hablar y pensar, y ya está en marcha el esfuerzo por patologizar la disidencia para legitimar los campos de detención y constreñir la circulación en base al pasaporte sanitario.

Disonancia cognitiva

Sin embargo, frente a la realidad, es difícil entender la razón por la cual toda la población mundial se ha dejado convencer de la existencia de un virus pandémico que aún no ha sido aislado y ha aceptado dócilmente las limitaciones a la libertad personal que en otros tiempos habrían llevado a la revolución y a las barricadas en las calles.

Más incomprensible aún es, no tanto la falta de una auténtica y adecuada reacción social y política, sino la incapacidad de ver la realidad en toda su cruda evidencia. Pero esto se debe, como sabemos, a la acción científica de manipular a las masas, lo que ha conducido inevitablemente al fenómeno que la psicología social llama “disonancia cognitiva”, es decir, la tensión o incomodidad que sentimos ante dos ideas opuestas e incompatibles.

El psicólogo y sociólogo Leon Festinger ha demostrado que este malestar nos lleva a elaborar estas convicciones de tres maneras, con el fin de reducir la incongruencia psicológica que determina la disonancia: cambiar de actitud, cambiar de contexto o cambiar de comportamiento.

La gente ordinaria, incapaz de entender o incluso de reconocer cualquier racionalidad en lo que los medios de comunicación dicen obsesivamente sobre Covid, acepta el absurdo de un virus de la gripe presentado como más devastador que el ébola, porque no quiere aceptar que sus líderes políticos están mintiendo descaradamente con el objetivo de lograr la destrucción social, económica, moral y religiosa de un mundo que alguien ha decidido eliminar.

No saben cómo aceptar que las mentiras pueden hacerse pasar por verdades, que los médicos no  están curando y de hecho están matando a sus pacientes, que las autoridades civiles no están interviniendo para detener los crímenes y las violaciones flagrantes, que los políticos obedecen todos a un lobby sin rostro, que Bergoglio quiere demoler la Iglesia de Cristo para sustituirla por una parodia masónica infernal.

Así, por ese deseo de no aceptar el engaño y, por tanto, de no querer posicionarse contra él y contra quienes lo promueven, se refugian en la conveniente narrativa dominante, suspendiendo el juicio y dejando que otros les digan lo que tienen que pensar, aunque sea irracional y contradictorio.

Miles de millones de personas se han hecho voluntariamente esclavas, víctimas sacrificiales del Moloch globalista, dejándose convencer de la inevitabilidad de una situación tan surrealista y absurda …

Sin embargo, hay un elemento que los conspiradores no han tenido en cuenta: la debilidad humana, por un lado, y el poder de Dios, por otro…

El hombre no es un robot

Sin embargo, hay un elemento que los conspiradores no tuvieron en cuenta: la debilidad humana, por un lado, y el poder de Dios, por otro… Poco a poco, este coloso con pies de barro se derrumbará, inexorablementeSe derrumbará por sus propias mentiras y sus propios crímenes.

… Ante la evidencia de que no existe ninguna pandemia y de que las muertes han sido provocadas deliberadamente para exagerar los efectos sobre la población, debemos considerar el Covid como un flagelo, no en sí mismo, sino por todo lo que ha revelado: el plan de Satanás para el establecimiento del Nuevo Orden Mundial, que supuestamente conducirá al reinado del Anticristo.

El Señor nos muestra, con la severidad de un Padre, que siempre quiere advertir a sus hijos y despistar a la humanidad sobre las consecuencias del pecado. Nos muestra qué clase de mundo nos espera si no sabemos convertirnos, abandonando el camino de la perdición y volviendo a Él, a la obediencia a su santa ley y a la vida de la gracia.

+ Carlo Maria Viganò, arzobispo

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