Los mandatos de la vacunación y la conexión de los cuerpos a Internet acabarán con la autonomía corporal

Nuestro mundo interconectado y globalizado funciona con Internet. No hace mucho tiempo, para conectarse a Internet era necesario acceder a un ordenador conectado físicamente a un router. Luego, la tecnología inalámbrica y el auge de los teléfonos inteligentes pusieron Internet en el bolsillo de todos. Además de esto se construyó el llamado Internet de las Cosas (IoT), que incluye cosas desde electrodomésticos hasta municiones con sensores, software y otras tecnologías para conectarse e intercambiar datos con otros dispositivos y sistemas a través de Internet de forma inalámbrica.

Las mismas tecnologías y conceptos en los que se basa la IoT están entrando en un nuevo escenario denominado Internet de los Cuerpos, en el que el propio cuerpo humano estará en línea, lo que podría acabar con el concepto de autonomía corporal tal y como lo conocemos.

En la era de los mandatos de vacunación, el tema de la autonomía corporal está candente. Una de las partes cree que toda la humanidad debe someterse a una inyección experimental. Los demás creemos que la capacidad de decidir por uno mismo lo que ocurre o no con su cuerpo es un derecho fundamental y lo que lo convierte en un derecho es evidente. Pero los mandatos de vacunación son sólo una batalla en la guerra contra la autonomía corporal. Hay una batalla mayor que librar contra la agenda de conectar el cuerpo humano a Internet.

Internet de los Cuerpos (IoB) ha entrado recientemente en el léxico -aunque la idea de utilizar el cuerpo humano para generar productos, recursos y datos no es nueva- y es exactamente lo que parece: “Una red de cuerpos humanos cuya integridad y funcionalidad dependen, al menos en parte, de Internet y de tecnologías relacionadas, como la inteligencia artificial”, escribe Andrea M. Matwyshyn, miembro del Atlantic Council, en la William & Mary Law Review. “Esto desafiará las nociones de autonomía humana y autogobierno”.

Otro de los primeros ejemplos de su uso parece provenir de una oscura revista militar rumana, Land Forces Academy Review. En la edición de octubre de 2019 de la Revista, hay un artículo titulado “DE LA DIGITALIZACIÓN DEL CUERPO HUMANO A INTERNET DEL CUERPO HACIA UNA NUEVA DIMENSIÓN DE LAS OPERACIONES MILITARES”, de Vasile Florin Popescu, de la Universidad de Defensa Nacional de Rumanía. Aunque se trata de una fuente oscura, este breve informe resume perfectamente la trayectoria evidente de esta tecnología. No es de extrañar que, desde los primeros días de la conceptualización de Internet de los Cuerpos, las aplicaciones militares de dicho concepto hayan estado en LA VANGUARDDIA.

¿Cómo se conecta un cuerpo humano a una red de Internet? A través de dispositivos subcutáneos inyectados bajo la piel, por supuesto. Popescu imagina semiconductores de grafeno permanentemente autoensamblados y siempre activos que puedan funcionar con el calor y la corriente eléctrica del cuerpo humano, ordenadores hechos de óxido de silicio y óxido de magnesio que se disuelven en el cuerpo humano, tatuajes inteligentes fabricados a partir de circuitos con antenas integradas y sensores que está creando DARPA, y la “vitamina de identificación” de Motorola, que es ingerida y activada con el ácido gástrico del estómago, como algunas de las maravillosas innovaciones por las que nuestro cuerpo puede estar conectado a este nuevo Internet. Todo esto será posible en los próximos cinco años, afirma.

Esto da la impresión de que Internet de los Cuerpos es algo que todavía se está experimentando en los laboratorios, algo que todavía no existe en un futuro próximo. Lo cierto es que la primera generación de esta tecnología, en forma de dispositivos de uso externo, ya está aquí y se utiliza para recopilar datos y modificar el comportamiento del usuario. En 2018, Strava, una aplicación de seguimiento de la actividad física que registra los movimientos de los usuarios, expuso de forma cómica las operaciones militares estadounidenses en todo el mundo. Los datos de frecuencia cardíaca del Apple Watch son recopilados por el gigante de seguros John Hancock para verificar los niveles de ejercicio, mientras que los investigadores de FitBit (tecnología vestible) afirman poder utilizar los datos de los wearables para detectar casos de COVID-19 antes de que aparezcan los síntomas. No olvidemos las aplicaciones de rastreo y localización por Bluetooth desplegadas en nombre de la lucha contra la llamada pandemia.

La próxima generación de esta tecnología serán los dispositivos implantados internamente mencionados anteriormente. “Circuitos cutáneos inteligentes que pueden convertir el sistema nervioso periférico en una interfaz, lentes de contacto cibernéticas, milirobots, tatuajes digitales o implantes a la carta”, prevé Popescu, son algunos de los inventos que ayudarán a fusionar al hombre y la máquina.

De nuevo, no se trata de conceptos de una historia de ciencia ficción ambientada en un futuro lejano, sino de tecnologías reales que se están desarrollando en el presente.

Los trabajos sobre los tatuajes digitales, realizados con microagujas a base de azúcar para seguir el estado de vacunación de una persona, está financiado nada menos que por la Fundación Bill y Melinda Gates. “Cuando las agujas se disuelven en unos dos minutos, administran la vacuna y dejan el patrón de la etiqueta justo debajo de la piel, donde se convierte en algo parecido a un tatuaje de código de barras”, según los investigadores de la Universidad de Rice. Estos “certificados digitales”, como los llama Gates, tienen aplicaciones mucho más amplias que el simple seguimiento del estado de vacunación de una persona. Un código de barras podría vincularse fácilmente a la identificación biométrica de una persona, o al monedero digital del banco central, que puede ser activado o desactivado en cualquier momento por quienes tienen el poder de hacerlo y, una vez desactivado, ese organismo queda desconectado de la red. “En lugar de dispositivos conectados a Internet como en [el Internet de las cosas], los cuerpos humanos pueden estar conectados a una red, con el potencial de ser controlados y supervisados a distancia las 24 horas del día”, escribe Popescu.

¿Qué pasa con los lentes de contacto? El Ministerio de Defensa e Innovega iOptics llevan una década trabajando en ellos. También lo ha hecho Google.

Los milirobots (nanobots), que entran en el ámbito de la nanotecnología, ya están siendo creados por miles en empresas como Ginkgo Bioworks, en Boston. Decenas de investigadores con aspiraciones transhumanistas esperan crear algún día una “interfaz cerebro humano/nube” utilizando nanobots. Clyde Lewis explica lo distópico que sería esto:

Este nuevo concepto propone utilizar nanobots neuronales para conectar el neocórtex del cerebro humano -la parte más nueva, inteligente y “consciente” del cerebro- con el “neocórtex sintético” en la nube. Los nanobots proporcionarían entonces un seguimiento y control directos y en tiempo real de las señales hacia y desde las células cerebrales. La nanomedicina, la inteligencia artificial y la computación conducirán este siglo al desarrollo de una “interfaz cerebro-nube” humana.

“Estos dispositivos navegarían por el sistema vascular humano, atravesarían la barrera hematoencefálica y se posicionarían con precisión entre las células cerebrales, o incluso dentro de ellas”, explicó Freitas. “Luego transmitirían de forma inalámbrica la información codificada hacia y desde una red de superordenadores basada en la nube para la monitorización del estado del cerebro en tiempo real y la extracción de datos”.

Las cosas se vuelven aún más descabelladas cuando se considera el hecho que podría permitir una capacidad de tipo Matrix para descargar toneladas de información en el cerebro. La IC-B podría incluso permitirnos crear un futuro “supercerebro global”, según el equipo, conectando redes de cerebros humanos y de IA para formar una mente colmena.

Desde sus inicios, Internet ha sido una herramienta del complejo militar-industrial. La creación de la red ARPANET, precursora del moderno Internet, fue impulsada por las “necesidades del Pentágono de contar con un sistema de mando y control que cumpliera con los requisitos militares”. Las revelaciones de denunciantes como Russ Tice, William Binney, Edward Snowden y Thomas Drake han puesto de manifiesto cómo empresas privadas como Google, AT&T, Verizon y Facebook colaboran con agencias de inteligencia como la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) para utilizar Internet con el fin de recopilar toda la información posible. El ex jefe de la CIA, David Petraeus, habló en una cumbre para In-Q-Tel, la empresa de capital-riesgo de la CIA, en 2012, prácticamente ensalzando sobre la capacidad de espiar a las personas a través del Internet de las Cosas.

El Internet de los Cuerpos no será diferente. Popescu concluye su artículo recomendando que “la capacidad de los ejércitos del siglo XXI para comprender, predecir, adaptar y explotar la Internet de los Cuerpos (IoB) en el futuro campo de batalla es fundamental para mantener y aumentar su ventaja competitiva”. Pero no te fíes sólo de la palabra de un comandante militar rumano bastante desconocido.

Un informe de investigación de la RAND Corporation de 2020, titulado “The Internet of Bodies: Opportunities, Risks, and Governance”,(Internet de los cuerpos: oportunidades, riesgos y gobernanza) también revela que el ejército utilizará el Internet de los Cuerpos para “hacer un seguimiento de la salud y el bienestar de los miembros del servicio, mejorar sus capacidades cognitivas y físicas, mejorar el entrenamiento y permitir una mayor capacidad de combate”.

Estos súper soldados equipados con sus sensores y dispositivos inteligentes no sólo se desplegarán para luchar en guerras interminables en el extranjero, sino que sin duda se utilizarán en casa para luchar contra los llamados extremistas domésticos que desobedecen los dictados del gobierno. Como informamos recientemente, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) emitió una nueva Alerta de Amenaza Terrorista que advierte de “extremistas violentos por motivos raciales o étnicos (RMVE) y extremistas violentos antigubernamentales/antiautoridad, que ven el posible restablecimiento de las restricciones de salud pública en todo Estados Unidos como justificación para llevar a cabo ataques”.

El DHS también señala su preocupación por las “teorías de conspiración sobre el fraude electoral percibido y la supuesta reinstauración, y las respuestas a las restricciones anticipadas sobre el aumento de los casos de COVID” que están siendo perpetuadas por “los medios de comunicación de los gobiernos ruso, chino e iraní”.

Si se permite que estos desarrollos continúen, la batalla por la autonomía corporal estará perdida. Si la lucha contra los mandatos de vacunación es vital para ganar, también debemos dejar de apoyar la economía del Internet de los Cuerpos. Entre las pequeñas y sencillas formas de oponerse a este horror se encuentran dejar de utilizar los últimos dispositivos “inteligentes”, alejarse de un sistema médico que quiere equiparte con dispositivos implantables y dejar de conectar o apoyar a las instituciones que quieren conectarte a una interfaz nube/cerebro humano.

En resumen, simplemente debemos dejar de apoyar nuestra propia esclavitud.

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