El sabotaje del Nord Stream 2 es una declaración de guerra contra Alemania, no contra Rusia

El ataque a ambos oleoductos consistió en múltiples cargas explosivas detonadas en ramales separados cerca de la isla danesa de Bornholm, pero en aguas internacionales. Fue una operación sofisticada, que debío realizarse con el permiso del gobierno de Dinamarca, ya que las aguas alrededor de Borholm están infestadas de vigilancia costera.

Los sismólogos suecos registraron dos explosiones submarinas el lunes, una de ellas estimada en 100 kg de TNT. Sin embargo, es posible que se hayan utilizado hasta 700 kg para volar tres nodos de tuberías separados.

Los funcionarios alemanes ya están diciendo que el oleoducto puede «potencialmente» estar fuera de servicio «para siempre». La primera ministra sueca, Magdalena Andersson, admitió que fue “una cuestión de sabotaje”. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, admitió que “no fue un accidente”. Berlín está de acuerdo con los escandinavos.

El ex ministro de Defensa polaco (2005-2007) Radek Sikorski, un rusófobo casado con una rabiosa “analista” estadounidense, Anne Applebaum, quien llegó a tuitear: “Gracias, EE. UU.”.

Simultáneamente al sabotaje se abrió parcialmente el Baltic Pipe de Noruega a Polonia, un “nuevo corredor de suministro de gas” que da servicio a “los mercados danés y polaco”, que excluye a Alemania.

El Nord Stream 2 ya había sido atacado en anteriores ocasiones a lo largo de su construcción. En febrero de este año, barcos polacos intentaron evitar que el buque de colocación de tuberías Fortuna concluyera su ensamblaje. Las tuberías se estaban colocando, precisamente, al sur de Bornholm.

La desactivación de los dos gasoductos representa el cierre definitivo de cualquier posibilidad de un acuerdo entre Alemania y Rusia sobre el suministro de gas, relegando al país germano a Estado de segunda línea, dejando a su industria al borde de la ruina. De hecho, la corriente de opinión mayoritaria en Alemania cree que es el momento de romper puentes con los Estados Unidos, y reparar los que unen al país con Rusia; ya no por ideología, sino por supervivencia.

El 22 de septiembre hubo un atentado contra el Turkish Stream por saboteadores de Kiev. El día anterior, se encontraron en Crimea drones navales con identificaciones en inglés. A esto hay que sumar los helicópteros norteamericanos sobrevolando hace semanas los futuros nodos de sabotaje; un barco de «investigación» del Reino Unido merodeando en aguas danesas desde mediados de septiembre; y la OTAN tuiteando sobre la prueba de “nuevos sistemas no tripulados en el mar” el mismo día de la explosión.

El Ministro de Defensa danés se reunió días después de urgencia con el Secretario General de la OTAN; era una expresión de pánico no por la «respuesta rusa» sino por las consecuencias que esta voladura tenía para las economías de Europa. Esta explosión afecta a las alemanas Wintershall Dea AG y E.ON; la holandesa NV Nederlandse Gasunie; y la francesa ENGIE. Además los financistas de la obra, por el lado europeo, están pidiendo explicaciones que auguran una investigación seria.

Esta operación de sabotaje de la CIA abre un escenario de guerra a un nivel mucho más alto; se trata de una provocación que solamente puede guardar paralelismos con la voladura del Maine (1898) o el ataque a Pearl Harbor (1941), ya que fueron oportunidades de oro para la expansión del imperio norteamericano -recordemos que con esta operación Estados Unidos pasa a ser el controlador de las provisiones de gas de Europa-.

La Unión Europea está cada vez más desintegrada, y su oportunidad para intentar jugar un papel como actor geopolítico estratégicamente autónomo está definitivamente cerrada.

Para entender todo esto hay que recuperar a un viejo estratega del imperio británico, John Mackinder, que en su día afirmó que «el control de la masa terrestre euroasiática constituye el control del mundo». Las élites estadounidenses y sus caballos de Troya en toda Europa harán lo que sea necesario para no ceder su control, lo que augura una carretera al infierno hasta el 2030.

Fuente: Pepe Escobar Archi

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